Hacia una agenda de innovación para México

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Introducción

En el libro Manifiesto por la Innovación en México (Porrúa, 2018), expongo mi convicción de que nuestro país debe tener a la Innovación como una estrategia fundamental para lograr el desarrollo al que aspiramos.

En ese libro explico que existe una evidente correlación entre la innovación y el desarrollo económico y social en todos los países. Analizo cómo son las sociedades del conocimiento, qué las hace innovadoras, la medición de la innovación a través de índices como el Índice Global de innovación.

Tras un diagnóstico muy general de lo que sucede en nuestro país en términos de innovación, he llegado a la conclusión de que la innovación aquí aún no está en el centro de nuestras preocupaciones y que cada día que no innovamos nos estamos condenando a ser más pobres en el futuro.

Considero que no hay una agenda pública de innovación en México, por lo que mi propuesta es que establezcamos cuanto antes una agenda pública de prioridades en tecnología e innovación y definamos qué nos interesa y qué necesita México en los próximos veinte años.

Entre los objetivos que me parecen indispensables pata este efecto se encuentran: elevar la calidad educativa; cofinanciar universidades y centros de investigación; promover el intercambio internacional; apoyar el capital de riesgo; prepararnos para el futuro; superar el miedo.

Elevar la Calidad Educativa y Modificar Nuestra Formación

Para innovar, lo primero que necesitamos es educación de calidad. Educamos otorgándole mucho más peso a la memoria que a la creatividad. La innovación no está reconocida; es más, muchas veces el cambio y la creatividad se ven con desconfianza.

Desarrollo curricular

Lo primordial es que la innovación forme parte prioritaria del proceso de aprendizaje de los alumnos, en todos los niveles educativos. Hay que buscar la forma de integrar al currículum, además de conocimientos, el desarrollo de una mentalidad creativa e innovadora, tanto en docentes como en alumnos.

Si un estudiante de bachillerato o de licenciatura tuviera una idea innovadora, ¿en qué espacio de su entorno podría presentarla para darle viabilidad? Se podría hacer una suerte de “piscina” de ideas nuevas de los jóvenes, que las desarrollen, que obtengan reconocimientos y financiamiento. Y que no sólo las “buenas ideas” se valoren. También las que se vayan quedando en el camino, porque todos tendrían algo qué aprender de esas ideas, aunque no florezcan.

El ambiente educativo

Los mismos espacios físicos donde tienen lugar los procesos educativos frenan la creatividad. Tenemos escuelas con esquemas espaciales a la antigua, como la escuela lancasteriana del siglo XIX. En los países que van a la vanguardia de la educación, como Finlandia, ya no hay salones tradicionales, y eso tiene mucho sentido.

Poco a poco, con una buena planeación y una visión de largo plazo, las escuelas e institutos podrían ir adecuando sus instalaciones para hacerlas más flexibles y acordes con lo que necesitarán al modernizarse los planes de estudio.

Idiomas

El inglés y los lenguajes binarios de la computación son predominantes en la actualidad. Es urgente extender los programas de idiomas en las escuelas de todos los niveles educativos. Los docentes también deben ser incluidos.

Replantear nuestras metas

México requiere de ciudadanos comprometidos, solidarios, productivos, capaces y exitosos. Lo que está aún por definirse es cómo conseguir, mediante la educación, que los alumnos y alumnas de hoy lleguen a cumplir esas expectativas desde este momento, y hasta que lleguen a la edad adulta.

Los niños y jóvenes mexicanos requieren y merecen que se fomente en ellos, desde temprana edad, una mentalidad ambiciosa y una actitud de autoestima y seguridad que les motive a llevar sus ideas a la realidad, a buscar soluciones innovadoras diariamente, sabiendo que, si se equivocan, eso también es aprendizaje y no les convierte en fracasados. En lugar de centrarse en quitar puntos por los errores, la educación debe calificar agregando puntos por conseguir logros al trabajar en equipo, al arriesgarse, al crear, al innovar.

 

Cofinanciar Universidades y Centros de Investigación y Desarrollo

El avance en materia de patentes registradas e innovación es notorio en los esfuerzos realizados por universidades públicas como la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Investigadores de esta institución lograron en 2017 alcanzar el registro de 53 patentes. Si todas las universidades públicas de México hicieran el mismo esfuerzo, entonces nuestro país podría llegar a duplicar el número de sus patentes.

Igualmente puede decirse del Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM), en el sector privado. En 2017 logró registrar ocho patentes. Si el mismo resultado lograsen las universidades privadas que hoy no generan patentes, entonces México sería, por mucho, el país más relevante en América Latina en lo que a innovación se refiere.

En México las universidades públicas han estado orientadas más hacia la docencia que a la investigación, por lo que muy pocas de ellas tienen programas de investigación que tiendan al desarrollo de innovaciones que puedan aplicarse en el ámbito comercial. Por otro lado, las universidades privadas realizan escasa investigación porque ésta es costosa y no siempre conduce a innovaciones que sean comercialmente rentables.

La promoción de la innovación vía universidades y centros de investigación y desarrollo en México necesita realizarse mediante dos esquemas paralelos o complementarios. Por un lado, los fondos que el Estado asigne en un año a las universidades públicas y a centros de investigación para la investigación deben depender del número de patentes que cada uno de ellos haya registrado el año anterior. Por otro lado, las universidades, públicas o privadas, podrían establecer convenios de riesgo compartido (joint ventures) con empresas para realizar investigación conducente al desarrollo de innovaciones orientadas totalmente al mercado.

En el caso de las universidades y centros de investigación privados, también debería de exigírseles generación de patentes, investigación y publicaciones; caso contrario, no deberían tener derecho a ostentar el nombre de universidades o centros de investigación.

También debería tomarse en cuenta el lugar que ocupen anualmente en las escalas globales de universidades, a la hora de asignar los recursos económicos provenientes del Estado.

 

Promover el Intercambio internacional

Promover mucho más el intercambio con maestros, investigadores y alumnos de otros países es una inversión muy productiva.

Intercambio académico

Podríamos invitar, por ejemplo, a las mejores instituciones educativas de investigación del mundo a que instalara planteles en México.

Se pueden destinar fondos para organizar más foros, congresos y conferencias internacionales de alto impacto; para estancias e intercambio de profesores, investigadores y alumnos.

Intercambio empresarial

El intercambio de conocimiento de empresas de distintos países es una tendencia que propone el Índice Global de Innovación. La naturaleza de las empresas, especialmente las del mismo ramo, es competir. Siempre fue así en la economía tradicional. Pero los avances tecnológicos se están dando exponencialmente y en todos lados, de manera que, si las empresas llegaran a tener más apertura e intercambiaran experiencias, todas se enriquecerían, según lo que cada una requiera en un momento dado.

Intercambio comercial

Tradicionalmente hemos promovido como país algunos sectores específicos de intercambio comercial. Es momento de buscar nuevos espacios, nuevos productos y, especialmente, nuevos procesos en los que los mexicanos podamos aprovechar nuestras ventajas comparativas. Por ejemplo, podríamos insertarnos en el mercado de los servicios médicos en Estados Unidos y ofrecer, desde México, toda una serie de servicios a precios competitivos.

 

Apoyar el Capital de Riesgo

Existe una evidente necesidad de fortalecer y racionalizar los sistemas de apoyo para las primeras etapas de desarrollo, y generar más proyectos enfocados a la generación de nuevos productos, servicios y procesos comercializables.

El problema de nuestra débil industria de capital de riesgo tiene que ver con el ecosistema como un todo, pero hay ciertos factores que pueden colaborar con su crecimiento. A nivel internacional, la industria de capital de riesgo tiene una vocación innovadora per se, probada por los destinos sectoriales que históricamente ha privilegiado. Sin embargo, en países como el nuestro, el capital no fluye naturalmente hacia la innovación, sino que se concentra en los negocios seguros, aunque su rentabilidad sea menor a la resultante de la innovación.

De acuerdo con estudios recientes ha quedado demostrada la importancia de las inversiones de la industria de CR en la creación de empleos y en el impulso a la innovación. Asimismo, las empresas apoyadas con CR están mejor administradas, desarrollan mayor espíritu empresarial y tienen innovaciones de mayor calidad e impacto. Las economías caracterizadas por la innovación de productos, servicios y procesos ofrecen grandes oportunidades a los jóvenes que se integran a las actividades productivas y a los que han estudiado en el extranjero, que por alguna razón no querían regresar a su país, precisamente porque no encontraban áreas de trabajo suficientemente atractivas y adecuadas a sus conocimientos, siendo éste el caso de China e India.

En Latinoamérica varios países han tomado conciencia de la importancia de las inversiones de CR, sobre todo considerando la burbuja poblacional que están enfrentando, las restricciones de crecimiento de los sectores de bienes y servicios tradicionales, así como la necesidad de encontrar nuevas formas de generar más empleos e industrias.

 

Prepararnos para el Futuro

Es una tendencia mundial que los empleos están sufriendo cambios radicales y constantes debido, entre otras cosas, a los avances tecnológicos recientes. Muchos trabajos tienden a desaparecer y es probable que dentro de unos años existan otros que hoy no nos imaginamos.

México no está exento de esta tendencia, por lo que todos los sectores de la economía deben prepararse para estos cambios. Pero más que una amenaza, creo que esto representa una gran oportunidad, especialmente para los millones de jóvenes que cada año tienen la expectativa de incorporarse al mercado laboral del país.

Somos vecinos de dos de las economías más grandes del mundo: Estados Unidos y Canadá. Pero en lugar de tratar de aprovechar esta situación y buscar ganar más espacios comerciales allá, lo que hicimos fue instalarnos en la comodidad de sólo proveerles manufacturas y de recibir transferencias tecnológicas. Sin duda, ese era un primer paso a dar, indispensable, pero llega el momento en que debemos seguir avanzando y enriquecer nuestras propias industrias.

Debemos analizar las tendencias mundiales del empleo, y prepararnos para insertarnos en ellas. La revista Forbes (2017), por ejemplo, prevé cinco profesiones que protagonizarán el futuro laboral en México: analistas informáticos; médicos y cirujanos; ingenieros; asesores financieros, y; analistas de gestión.

 

Superar el miedo

Los mexicanos somos aprehensivos y renuentes ante el cambio; también lo son las empresas, y eso es natural. A simple vista es evidente el ambiente de violencia e incertidumbre constante en el que vivimos.

Pero la verdad es que tenemos igual o más riesgo si nos quedamos inmóviles. Y esto aplica, incluso, a las empresas exitosas.

Paul Sloane (2017) explica que superar el miedo al cambio es un objetivo clave para los líderes innovadores. Tenemos que tomar este tema de frente. Debemos involucrarnos en un diálogo y discutir los riesgos y beneficios de quedarnos quietos o de innovar.

Los líderes deben promover un diálogo donde, además de contar estos mensajes, escuchen las preocupaciones de las personas y soliciten su opinión. Es posible cambiar la actitud de las personas negativas al pedirles su opinión sobre cómo mejorar las cosas.

 

La Agenda Tecnológica de México: una Urgencia

A mi parecer, este tema es el primordial. No se puede llegar a una sociedad innovadora sin una carta de navegación que nos indique nuestro punto de partida y a dónde queremos llegar.

Propongo concentrar el esfuerzo y los recursos en acelerar la integración tecnológica en algunos campos:

– Abastecimiento y tratamiento de agua, considerando que la mayor parte de nuestras ciudades y centros económicos relevantes están ubicados en zonas con serias limitaciones en la materia.

– Transición energética del país tanto para explotar mejor los recursos derivados del petróleo, como para acelerar la expansión de las energías “limpias”, señaladamente la solar.

– Genómica, mutación de virus y bacterias.

– Atención médica y prevención de diabetes, cáncer y enfermedades cardio-vasculares.

– Inteligencia Artificial.

– Tecnología en el Campo.

Considero que, al menos en esos rubros, México debe y puede ser una potencia tecnológica.

 

 

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